Todoterreno: claves para manejar un 4×4

Arena, barro, nieve o ripio. Cada superficie tiene sus secretos. Conosejos para la conducción off-road y cuáles son las limitaciones de cada vehículo.

Manejar fuera de las rutas tradicionales puede resultar entretenido, además de muy estimulante. Pero para hacerlo adecuadamente y ser un conductor todo terreno, es necesario conocer en profundidad nuestro vehículo y tomar algunos recaudos.

En primera medida, para incursionar fuera de ruta el requisito inexorable es contar con un vehículo con doble tracción, es decir, 4×4.  Algunos disponen de tracción integral inteligente,  activando la fuerza en ambos ejes automáticamente una vez que las ruedas detectan pérdida de adherencia.

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Otros, requieren conectar la tracción “cuatro por cuatro” de manera manual (activando una perilla o botón): este procedimiento debe realizarse al salir del asfalto o cuando el suelo esté deteriorado o deslizante por circunstancias climáticas, como lluvia intensa, nieve o barro, entre otras.

Cabe destacar que los sistemas 4WD más sofisticados disponen, además, de una caja reductora -también conocida como “baja o low”- muy utilizada en las pick-ups.  Esta función ofrece mayor capacidad en todo terreno, ya que convierte la energía motriz del vehículo en mayor fuerza, reduciendo -como su nombre lo indica- la velocidad transmitida a las ruedas pero con mayor torque (fuerza).

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Experiencias en todo terreno

Muchas veces toca cambiar de ámbito de manera imprevista. Pero si sabemos que vamos a meternos en determinados lugares, es fundamental chequear la presión de aire de los neumáticos y ajustarla a cada terreno.

En ruta se recomiendan unas 35 libras, pero para el barro es fundamental bajarla a entre 25 y 30, ya que la flexibilidad del neumático expulsa el barro. En arena, en tanto, 20 libras o menos. En este tipo de superficies es imprescindible doblar de manera muy suave para no desbandar las cubiertas.

Una vez en el barro, la clave de la conducción está en la fuerza centrífuga de las ruedas. Para ello hay que mantener el giro constante del motor (por ejemplo entre 2.000 y 3.000 rpm) y desacelerar al momento de doblar. Para determinadas situaciones es adecuado tomar “envión”, pero aquí también podremos perder control del vehículo si lo hacemos de manera muy brusca.

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Superficies como el ripio o la arena suelen ser muy traicioneras. En la primera hay que tratar de mantener la tracción integral (con el modo 4×4 “alta” activado, siempre) y ante una pérdida de control no apretar el freno o el embrague, sino sólo realizar rebajes con la caja de cambios.

En el caso de la arena, la clave es la inercia. No se debe detener el vehículo en una subida y, al mismo tiempo, procurar siempre mantener un régimen de revoluciones alto. Con la reductora o baja conectada, se recomienda arrancar en segunda para no hacer un pozo.

En lugares como los médanos (muy de moda en la Costa Atlántica en temporada de verano) es recomendable frenar con la caja y no con pedal, salvo alguna emergencia: aquí hay que encarar las pendientes de manera frontal (nunca en diagonal) y, en caso de quedarse a mitad de camino, bajar marcha atrás por la misma huella.

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Pero manejar en todo terreno también implica animarse a un poco más. Hay quienes se atreven desde vados pequeños hasta cruzar un arroyo: esto puede ser peligroso y sólo “realizable” si es la única alternativa para avanzar en el camino. Para ello debemos conocer las cotas de nuestro vehículo (ángulos de ataque, ventral y de salida) como así también la profundidad del agua. Aquí indefectiblemente alguien deberá bajarse del vehículo y mojarse un poco para verificar el terreno.

Siempre tener en cuenta que el límite de altura de agua de una camioneta, por ejemplo, es el de la toma de aire del motor. Si no llegara a esta altura, se recomienda ingresar al vado muy despacio y no detenerse hasta cruzarlo por completo.

Por último pero no menos importante, la nieve o el hielo suponen ser un gran escollo para quienes desean convertirse en pilotos todo terreno. En lo posible, evitar transitar por este tipo de superficies, sobre todo en horarios nocturnos donde la visibilidad es muy escasa.

En el hielo se debe reducir la velocidad y usar cadenas especiales para neumáticos (asegurarse de colocarlas adecuadamente), además de extremar las precauciones al volante.

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