Autos clásicos en Chile

Chile tiene una larga lista de autos antiguos que por sus características únicas, su historia o por pura nostalgia, se convirtieron en autos clásicos.

¿Cuándo un vehículo alcanza la categoría de clásico? Para muchos, se puede hablar de autos clásicos cuando se convierte en emblema de una época, de las costumbres, los sueños y los deseos de todo un país.

Los clásicos son también autos antiguos únicos por sus cualidades, pero también por sus rarezas; los autos de lujo soñados y aquellos cuya tradición se mantiene viva en clubes y eventos de aficionados.

Autos clásicos de Chile

Chile tiene sus autos clásicos indiscutibles, desde el viejo Ford T que fue ensamblado en Chile y se convirtió en parte del paisaje nacional durante décadas, y el Austin Mini, un auto que también tuvo una versión chilena con características únicas, por las que hoy es apreciado en todo el mundo.

Desde los años 60 Chile vivió la fiebre por el Citroën 2CV, la clásica Citroneta, junto a otros vehículos como el Fiat 600, el Simca 1000 y el Renault 4, conocido como la “Renoleta”.

Otros como el Isetta BMW, el llamado “huevito”, fabricado en Brasil y Argentina; y el Peugeot 404 o el Fiat 125, ambos con plantas de ensamblado en Chile, son piezas que engalanan cualquier colección.

Colección de clase mundial

Pero al lado de los clásicos locales están los autos de clase mundial que llegaron a Chile antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Desde los modelos deportivos MG, Alfa Romeo, Mercedes-Benz o Jaguar, hasta los autos americanos de lujo y los poderosos “muscle cars”, que todavía hacen rugir sus motores, sedientos de combustible y de velocidad.

Recuperar autos viejos y convertirlos en piezas de admiración es un arte. A veces hay que sacarlos de garages familiares donde han permanecido olvidados por generaciones. Después, es preciso sumarse a una red mundial de buscadores de repuestos originales, piezas únicas que se intercambian de país a país y que pueden demorar años en ser encontradas.

Quienes saben de esto son los aficionados chilenos, quienes se dan cita en clubes dedicados a una marca o modelos en especial, donde se comparten experiencias y conocimientos; y en encuentros y concursos donde se evalúan la rareza, el estado de conservación y la calidad de la restauración.

También los coleccionistas privados, que invierten en el rescate de autos antiguos, los exhiben en museos personales o los sacan a la calle en ocasiones especiales.

Los clubes de autos masivos son los más numerosos, impulsados por la nostalgia y en especial por el rescate de una industria y de diseños chilenos que los han llevado a formar parte de las leyendas automotrices mundiales.

El Ford T se hace chileno

En la segunda década del siglo XX, las calles de las principales ciudades del país empezaron a verse inundadas con este pequeño automóvil fabricado desde 1908 por Henry Ford.

En 1924, se instaló una planta ubicada en Santiago que seguía el modelo de producción en serie. Se ensamblaron más de 9 mil unidades, algunas de las cuales seguían prestando servicios como “autos antiguos” después de la segunda mitad del siglo XX.

En Chile, los modelos T han sido rescatados por entusiastas que muestran sus trabajos de restauración en colecciones que los mantienen funcionando como piezas históricas y que suelen desfilar por las calles de Chile cuando se reúnen.

Autos masivos

Con la llegada de los años 60 y 70, muchos chilenos empezaron a cumplir el sueño de poseer su propio auto, un símbolo de estatus que se puso al alcance masivo con modelos de bajo costo como la Citroneta, el Fiat 600 (llamado el “Fitito” por sus fanáticos) y la Renoleta.

La mayoría fueron arrasados por la llegada de autos japoneses o por la innovación tecnológica. Estos autos son rescatados actualmente en clubes como los dedicados a Reault, Fiat y Citroën.

La Citroneta

Citroën presentó por primera vez el modelo 2CV en 1948. En Chile se instaló una planta en Arica que inició la producción en 1953, donde se llegaron a producir miles de unidades hasta 1979.

Sus láminas muy delgadas no resistían golpes, pero, a cambio, ofrecían una ligereza que le permitía a sus 2 cilindros en V alcanzar sin problemas los 100 Km/h y obtener ahorros de combustible con rendimientos de 15 kilómetros por litro.

La suspensión extremadamente blanda estaba diseñada para dar suavidad en caminos rurales. Su carácter “todo terreno” se profundizó con el Yagán, el modelo tipo “Jeep” diseñado en Chile para transitar desde el desierto, los barriales de la zona central y hasta las bajas temperaturas de la región austral.

El Fiat 600

En Chile, el “Fitito” tiene su propio club de fanáticos, el cual está afiliado al de Argentina, de donde viene el apodo en diminutivo de la marca Fiat.

Se trata de la versión creada en Italia en 1955, heredera del ‘Topolino’ de los años 30, un auto barato, pequeño y familiar, emblema de la posguerra.

En Chile tuvo su propia planta ensambladora. Tenía motor trasero refrigerado por aire, lo que le daba una gran movilidad en las calles urbanas.

La Renoleta

El Renault 4 fue la respuesta de la marca del rombo a la fiebre de autos baratos para el gran público. Era más firme que la Citroneta y tenía 4 cilindros en línea, aunque usaba también tracción delantera y era austero en todas las utilidades interiores.

Se fabricó en Argentina y Colombia, y llegó masivamente a Chile en la década de 1960, donde se mantiene con vida gracias a clubes de entusiastas.

El Simca 1000

Este auto de origen francés no alcanzó la difusión de sus parientes europeos y actualmente es una rareza codiciada. Se construyó en Chile entre 1962 y  y logró amplia difusión como competidor del Fiat 600.

Tenía motor trasero con un diseño tipo sedán, lo que permitía un amplio espacio interior a pesar de sus dimensiones reducidas.

El Mini se agiganta con los años

Uno de los autos favoritos de todo el mundo es el Mini. En Chile tuvo su propia planta ensambladora con diseños únicos. La planta estuvo en Antofagasta y produjo este auto entre 1964 y 1974.

Esta fue la primera y única planta en el mundo en incorporar fibra de vidrio en la carrocería, un recurso de vanguardia para bajar costos, acorde al espíritu del vehículo: individualista e integrado a la cultura pop.

Actualmente, los Mini chilenos son famosos por este detalle y comparten su prestigio en colecciones de todo el mundo.

El Peugeot 404 y el Fiat 125 en Chile

En la década de los 60 y 70, el Peugeot 404 y el Fiat 125 estaban un paso más arriba de los vehículos populares. A pesar de su reducido tamaño, tenían las mejores prestaciones automotrices de la época.

Ambos se producían en Argentina, pero una parte importante era trasportada a través de la cordillera en partes y luego ensamblados en plantas locales, en Los Andes para el caso del Peugeot y en Rancagua para el Fiat 125.

Autos construidos en Chile

La ley chilena imponía un alto arancel a los autos importados, a menos que estos se armaran en el país. Por eso se generaron muchos autos y plantas nacionales.  Entre las marcas ensambladas en Chile se cuentan Ford y Chevrolet, que tuvieron sus propios diseños y variantes locales, acorde con su política de crear modelos especiales para diversas partes del mundo.

También hubo modelos locales de marcas europeas prestigiosas, como Opel, MG y Volvo.

Una pasión en las calles

La historia de los autos en Chile ofrece un recorrido apasionante por la historia, el lujo, las costumbres y la ingeniería sobre ruedas.

Los autos clásicos son una pasión, pero además un negocio. El auto conservado o restaurado en condiciones óptimas tiene un valor muy superior al de su año de producción, y la inversión en recuperarlo puede significar ganancias millonarias en el mercado de coleccionistas.

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